Salvar vidas

A propósito del terremoto de Haití, hace unas semanas le presenté una serie de puntos de vista al respecto. Le recuerdo el título del mismo: “Las barbas a remojar”. Además de seguir o apoyar la ruta de la solidaridad a que se convocó en esos momentos, subrayé la necesidad de que en nuestro país se recuperaran las experiencias que hemos tenido, particularmente desde los sismos de 1985.
Hoy, con lo sucedido en Chile, no hago más que reiterar –y subrayar- la necesidad de que se tomen las medidas pertinentes que, en aquel 1985, se iniciaron y se desarrollaron en muchos lugares.
En escuelas y universidades, en diversos ámbitos del sector público, privado y social, se enseñó y se practicó la elaboración de planes de evacuación y los simulacros respectivos.
Los medios de comunicación, prácticamente todos, dieron cuenta de ello y así se completó un círculo de acciones y reflexiones más que útiles para enfrentar cualquier evento y, a la vez, contar con instrumentos adecuados –si se quiere mínimos- para saber reaccionar adecuadamente ante los desastres.
En las escuelas primarias, secundarias, de bachillerato y universidades, etcétera, se sabía de todo ello. Se escuchaba y se miraba en la radio y la televisión. Los empleados públicos lo hacían regularmente. Los planes de evacuación se conocían y se practicaban continuamente.
A mi me tocó ver a mis hijos hacerlo en sus escuelas y en la UNAM, donde estoy cumpliendo 36 años de impartir clases, se veían esas prácticas con tanta regularidad que nos acostumbramos a ellas.
Todo ello era, también, la expresión de un nivel de organización de masas –o de muchas personas- que no se tenía antes de 1985 en la materia.
En el caso de la universidad, ese nivel de organización descansaba en la construcción de “comisiones de seguridad” aprobadas y apoyadas por el Consejo Universitario. Estudiantes, profesores e investigadores, trabajadores administrativos y autoridades las conformaban y organizaban (y lo siguen haciendo) y dirigían a sus comunidades en cada facultad, escuela, instituto, centro, oficinas administrativas, etcétera.
Labor técnica y psicológica para tener a la gente preparada para saber qué hacer en el momento y cómo, a la vez, enfrentar el miedo. Se dice rápido pero no lo es: requiere de la capacidad de convocatoria y de la existencia de personas que enseñen qué hacer.
En las instituciones educativas en general, todo eso existe hoy, como también en las oficinas públicas y de todo tipo. Pero hay que “poner las barbas a remojar” otra vez y actuar rápido.
Los sismos o terremotos no se pueden preveer desgraciadamente. Los tsunamis, ciclones y huracanes, sí. En Chile la marina Armada ha reconocido que falló a la hora de informar a la población de las costas y que en varios lugares fue arrasada por el fenómeno.
Ayer fue Haití y hoy es Chile. En unas cuantas semanas, por las desgracias ocurridas, ha vuelto a nosotros la preocupación y el miedo. El nuestro es un país de volcanes y de costas. Estamos expuestos, por lo tanto, a lo mismo.
Y no nos podemos perdonar no estar alertas desde ya. Por eso hay que aplaudir que los diputados federales hayan realizado un simulacro de evacuación el jueves pasado.
Contamos lamentablemente con deficiencias técnicas y científicas para enfrentar desastres. Pero tenemos a los científicos suficientes y a los operadores y técnicos necesarios para informar y educar (sí: educar) a la población para enfrentar los desastres.
También existe experiencia acumulada y solidaridad social para consolidar prácticas y ejemplos que se archivaron con el tiempo y que hoy hay que volver a poner en acto.
Sí, hay que continuar con la solidaridad que seamos capaces de practicar para con los pueblos de Haití y Chile. Y también para empezar a prepararnos nacionalmente, otra vez, para enfrentar la agresividad de los fenómenos naturales que se nos puedan aparecer.
El objetivo principal de la protección civil es, nada más y nada menos, el de salvar vidas. Para eso es y para eso hay que practicarla. Los gobiernos, las instituciones en general y todas las autoridades del país, deberían estar pensando en ello y actuar. Convocar ya.

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