Glocalfilia: Teoría de juegos y posibles acuerdos globales en Copenhague

La teoría de juegos es el estudio de la lógica de las interacciones estratégicas entre actores racionales que buscan satisfacer sus preferencias, obtener utilidades o, simplemente, ganar. Desarrollada como una herramienta para entender el comportamiento de la economía, la teoría de juegos se usa también en biología, ciencias políticas, filosofía, y otras disciplinas. Esta teoría fue desarrollada por John Von Newman y Oskar Morgenstern en 1944, antes y durante la Guerra Fría, estimulada por sus aplicaciones en estrategia militar, particularmente ante el dilema de la destrucción recíproca que implicaría un conflicto nuclear. Entre otros, el matemático teórico John Forbes Nash –cuya vida fue narrada por Sylvia Nasar en 1998 en Una mente brillante, y hecha película en 2001–, contribuyó con sus pioneros análisis de equilibrio en juegos no cooperativos (equilibrio de Nash), lo que le valió compartir el premio Nobel de matemáticas 1994.
Los juegos pueden ser cooperativos o no cooperativos, simétricos o asimétricos, de suma cero o de suma no cero, simultáneos o secuenciales, etcétera. El juego más conocido es sin duda el dilema del prisionero, juego de suma no cero popularizado por el matemático Albert W. Tucker en 1950. En este juego, la mejor decisión que cada actor puede elegir depende de las decisiones que adoptan los demás actores involucrados conforme se desarrolla el juego, todos motivados por un egoísmo generalizado que perjudica a todos. Toda proporción guardada, algo por el estilo sucede en las negociaciones internacionales en curso para definir las nuevas reglas post 2012 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC).
Una forma sencilla de explicar el juego es como “dilema del pescador”, en el cual una comunidad explota una zona pesquera cuyos recursos son finitos. Los pescadores saben que, si todos ellos respetan las vedas y los límites a las capturas establecidos de acuerdo con las capacidades de renovación de biomasa del recurso, todos podrán obtener un beneficio de magnitud intermedia, pero durable y sustentable. También saben que, aquéllos que no respeten las épocas de veda ni los límites de captura obtendrán, en el corto plazo, beneficios superiores al intermedio. Por consiguiente, la mayor parte de los pescadores preferirá beneficios superiores en el corto plazo, que intermedios y durables hacia el largo plazo. Aquí la teoría de juegos ayuda a explicar la tragedia de los comunes: a menos que existan normas y acuerdos institucionales apropiados entre los pescadores, con capacidad coercitiva y penalización en caso de incumplimiento, los recursos pesqueros se agotarán como todo bien común de acceso no restringido.
En el caso del cambio climático el recurso común de acceso no restringido es la atmósfera, a la cual todas las economías más o menos industrializadas del mundo vierten miles de millones de toneladas de gases de efecto invernadero (GEI) al año. Esto provoca el calentamiento global, y los conocimientos actuales confirman que a mayor concentración de GEI mayor será el calentamiento y mayores los costos sociales derivados, pero prácticamente todos los “jugadores” eligen mantener el crecimiento de sus emisiones y transferir las pérdidas al largo plazo. Se observa una solución no cooperativa que, no obstante reduzca los costos del corto plazo, los magnifica para el largo plazo. Por el contrario, una solución cooperativa convertiría en ganadores a todos los jugadores en el futuro al minimizar las pérdidas del largo plazo, aunque para ello todos tendrían que incrementar las “pérdidas” (invertir en la transición) en el corto plazo.
Con el cambio climático lo que está en juego es cuánto más calentarán la atmósfera con sus emisiones de GEI los mayores emisores del mundo. Ya no se trata de un “juego” en el que solamente los países industrializados y más desarrollados deben elegir, ahora también las economías de desarrollo intermedio como China, India, Brasil, Indonesia, Corea, Sudáfrica o México deberán hacerlo. ¿Cuáles son las bases cooperativas mínimas que permitirían un acuerdo ganador para todos los jugadores en el futuro?
Recientemente Yvo de Boer, secretario ejecutivo de la CMNUCC, indicaba que la décimo quinta Conferencia de las Partes (COP15) en Copenhague quizás no produzca un nuevo tratado con todos sus detalles, pero sí deberá lograr acuerdo alrededor de cuatro cuestiones esenciales. La primera es qué tanto los países más desarrollados, a cuyas emisiones la CMNUCC ya impone límites, están dispuestos a incrementar sus compromisos de reducción; la segunda, qué tanto están dispuestos a hacer los países de desarrollo intermedio para reducir sus emisiones; la tercera, cómo se financiará la ayuda a los países en desarrollo para que reduzcan sus emisiones y se adapten ante los impactos del calentamiento global; y, la cuarta, la naturaleza del mecanismo para administrar estos fondos globales, que permita una intervención equitativa a todas las Partes.
Si la COP15 en Copenhague logra definir estas cuatro cuestiones y la comunidad de naciones inicia acciones en el corto plazo, podrá reducir las pérdidas para el mediano y largo plazos. El quid de este juego es que, o todos ganan, o todos pierden...

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