Glocalfília: Carbono azul, cambio climático y demás colores del carbono
Lunes, 19 de Octubre de 2009 19:00
Escrito por Germán González Dávila
En el marco de las negociaciones en curso hacia el segundo periodo de cumplimiento de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), la puesta en marcha de un fondo global de Carbóno azul, destinado a la preservación y a la restauración de ecosistemas marinos, debiera tomarse en consideración por los países que son partes de la convención.
De todo el carbono capturado globalmente cada año por fotosíntesis –carbono “verde”– poco más del 55 por ciento es capturado por organismos marinos, señaló el Programa de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (PNUMA: www.unep.org) el pasado 14 de octubre, cuando anunció la próxima publicación del reporte: Carbón azul; el papel de los océanos en las transacciones de carbono (www.grida.no/publications/rr/blue-carbon/ebook.aspx). El Reporte es un producto del PNUMA en colaboración con la FAO y la UNESCO.
Los océanos, los mares y los ecosistemas marinos tales como las comunidades de algas, los arrecifes coralinos, las praderas submarinas, los manglares y los humedales costeros en general, constituyen uno de los mayores aliados naturales en el combate contra el cambio climático, ya que absorben grandes cantidades de carbono de la atmósfera todos los días. El ciclo oceánico del carbono está dominado por los grupos de especies más pequeñas del plancton, bacterias y arqueas, que contribuyen con alrededor del 20 por ciento de la captura azul de carbono. Es impresionante que, no obstante poseer solamente el 0.05 por ciento de la biomasa vegetal global, la biomasa vegetal de los océanos captura prácticamente la misma cantidad de carbono que la biomasa vegetal terrestre, lo que la hace un sumidero y depósito de carbono extremadamente eficiente. Además, en contraste con lo que sucede en ecosistemas terrestres, donde el carbono permanece depositado durante decenios o siglos, el carbono depositado en océanos permanece ahí durante milenios.
En términos métricos –informa el reporte–, los sumideros azules de carbono tienen una capacidad de captura y secuestro de entre 870 y mil 650 millones de toneladas de bióxido de carbono (MtCO2) por año. De acuerdo con estas estimaciones, y con que los sumideros verdes terrestres de carbono poseen una capacidad equivalente, la capacidad global de captura de carbono por la biosfera ronda los 3MtCO2/año. Si se frena la degradación y se evita la desaparición de los ecosistemas marinos, así como si se invierte en su restauración, sería posible compensar entre el 3 y el 7 por ciento de las emisiones actuales anuales derivadas de la combustión de biomasa fósil.
Si lograse conjugarse un mecanismo para captura azul de carbono, con el mecanismo para captura verde que se encuentra en curso de negociación hacia Copenhague, ambos podrían representar hasta un 25 por ciento –añade el reporte– del esfuerzo necesario para que el calentamiento global no rebase los 2 grados Celsius en el curso del siglo.
Sin embargo, mientras que durante las décadas recientes se ha incrementado significativamente la atención en mitigar el cambio climático mediante la reducción de la degradación de ecosistemas terrestres, el papel de los ecosistemas marinos ha sido ignorado hasta la fecha. Aunada a esta desatención, la creciente contaminación en mares y océanos reduce la capacidad de captura “azul” de carbono. La trasgresión humana de umbrales de degradación llega actualmente a tal punto de presión que –informa el reporte–, se estima que entre el 2 y el 7 por ciento de los sumideros azules de carbono desaparecen cada año. Por ejemplo, en ciertas zonas del sudeste asiático, hasta el 90 por ciento de los manglares desaparecieron respecto de las existencias en 1940.
Por consiguiente, un aspecto fundamental que aborda el reporte es la estrecha correlación existente entre la salud de los ecosistemas marinos y las capacidades de captura de carbono y adaptación ante el cambio climático. Actualmente, diversos países en desarrollo prevén invertir millones de dólares para captura y secuestro de carbono (CDC; CCS por sus siglas en inglés) en centrales eléctricas. El reporte explica por qué los sistemas naturales pueden ser más rentables y cómo los mercados podrían comenzar a pagar a países en desarrollo por la conservación y restauración de sus ecosistemas marinos y costeros, a fin de incrementar sus capacidades de captura y depósito de carbono azul.
Existen experiencias exitosas de rehabilitación a gran escala de manglares en el Mékong, en Europa y en los Estados Unidos. Muchos otros países de Asia central y del sudeste asiático, ribereños del Mar Negro, del África occidental, del Caribe o del Mediterráneo, incluso México, podrían considerar la conveniencia –y la oportunidad de negocios– de mejorar y ampliar sus sumideros azules de carbono.
La denominación por colores para el carbono resulta conveniente y afortunada, pues permite distinguir más claramente entre diversos tipos de esfuerzos que deberá realizar la comunidad internacional durante el segundo periodo de cumplimiento de la CMNUCC. El carbono “verde” es el capturado por fotosíntesis y almacenado en ecosistemas terrestres; el carbono “azul”, el capturado por fotosíntesis y almacenado en ecosistemas marinos (una buena parte en forma de carbonatos); y el carbono “negro”, el emitido por quema de combustibles o capturado en depósitos geológicos. Dicho en colores, el futuro deberá maximizar los carbonos verde y azul, al tiempo que minimiza el carbono negro; todo ello a fin de cuidar el bienestar del carbono “rosa” (el Homo sapiens).
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