Glocalfilia: Premio Nobel a la economía de los bienes comunes globales

El premio Nobel 2009 de economía otorgado a Elinor Ostrom y a Oliver Williamson constituye, en opinión de algunos especialistas (Krugman, New York Times, 12/10/2009), un reconocimiento a la economía política institucional, o nueva economía institucional (NEI). Ambos autores obtuvieron el premio por sus aportaciones en gobernabilidad económica; Ostrom especialmente en el caso de los bienes comunes, Williamson en el caso de los marcos normativos e institucionales de las corporaciones.
En el debate sobre el alcance que debe tener la intervención gubernamental en el desarrollo económico, la economía clásica plantea que en la medida que los individuos sean libres para alcanzar sus propios fines privados, una «mano invisible» orientará el comportamiento de la economía de tal modo que el bienestar social pueda lograrse mejor. Sin embargo, de acuerdo con el principio de Pareto (1935) esto es posible de manera limitada, ya que cuando un bien es compartido entre un suficiente número de participantes, solamente un porcentaje de ellos consumará el acceso al disfrute del bien en función de sus ingresos. En el caso de los bienes escasos, la NEI constituye un enfoque que centra el análisis sobre el rol de las instituciones en el comportamiento de las transacciones económicas, particularmente para la reducción de los costos de transacción.
La NEI encuentra sus raíces en los trabajos de Ronald Coase (premio Nobel 1991 de economía) publicados en 1960, sobre el problema de externalidades negativas derivadas de fallas de mercado que implican costos sociales. La propuesta de denominación la hizo Oliver Williamson en 1975, quien es uno de los fundadores, con Coase en 1997, de la Asociación Internacional para la Nueva Economía Institucional (http://www.isnie.org/index.html).
El teorema de Coase permite explicar cómo y cuánto cualquier sistema de asignación de precios tiene costos, ambientales entre otros (por contaminación y degradación), que son posibles de estimar mediante el análisis económico de las instituciones, las formas organizativas, las reglas y los mecanismos de pago. Con ello, Ronald Coase es considerado el fundador del análisis económico del derecho ambiental. Por su parte, con La Tragedia de los Bienes Comunes (1968), el biólogo Garret Hardin desarrolló las nociones de fallas de mercado y externalidades negativas en el uso de los recursos naturales renovables de propiedad común o libre acceso (Glocalfilia 18/03/2009). Las pesquerías en aguas internacionales (Glocalfilia 07/07/2009) y, en general, los servicios de regulación ambiental y climática de la biosfera (Glocalfilia 29/09/2009), constituyen bienes comunes globales en situación de desequilibrio debido a fallas de mercado (Glocalfilia 15/09/2009), a fallas de gobierno y a fallas institucionales globales (Glocalfilia 25/09/2009).
Más allá del planteamiento de Coase y Hardin, el enfoque de la nuevo premio Nobel Elinor Ostrom enfatiza el papel de las instituciones en la capacidad de gobernación de los bienes comunes. Elinor Ostrom es la primera mujer en ganar el premio Nobel de economía en los 40 años de historia de premios del Sveriges Riksbank. La obra de Ostrom explica por qué cualquier grupo que pretenda administrar de manera sustentable un recurso común (áreas pesqueras, pastizales, acuíferos, manglares, etcétera) debe diseñar, crear o adaptar, un marco institucional y normativo adecuado capaz de coordinar la acción colectiva, y propone una breve serie de principios claves a considerar en esta construcción institucional.
Por su parte, Oliver Williamson recibe el premio por un esfuerzo interdisciplinario que integra la teoría económica y la teoría de la organización, a fin de entender cómo y cuánto los marcos normativos, legales e institucionales que las corporaciones deben cumplir determinan su comportamiento y, por consiguiente, el curso de la economía en su conjunto. Para Williamson todas las formas posibles de organización son imperfectas, por lo que es indispensable identificar y entender los factores claves que determinan diversas formas de gobernación, los equilibrios existentes o más deseables entre ellos, así como las fortalezas y debilidades asociadas a cada uno de ellos.
En opinión de Krugman, el trabajo de Williamson constituye un enorme capital del moderno pensamiento económico, particularmente para el diseño y modelación del andamiaje institucional para las grandes corporaciones multinacionales; en tanto que el trabajo de Ostrom es fundamental para identificar y entender las mejores ecuaciones de estrategias y diseños institucionales que deben aplicarse, más allá del simple binomio entre individuos y corporaciones.
A la altura de los tiempos, puede decirse que este premio constituye un reconocimiento a la pertinencia, conveniencia, e incluso urgencia, de entender y asumir políticamente que los procesos económicos deben ser regulados por las instituciones y normas del Estado. Esto es especialmente cierto en los casos de combate a la pobreza y de protección ambiental. ¿Qué tanto se aplican estos nuevos enfoques de análisis económico en México? Muy poco; habría que cuestionar a la Secretaría de Hacienda…

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