Necesidad del debate nacional
Sábado, 22 de Agosto de 2009 19:00
Escrito por Rafael Cordera Campos
Ya son varias las quejas que me he encontrado en los diferentes diarios. Se trata de voces que reclaman el gasto que hacen los gobernantes. Desde Los Pinos hasta el gobierno de cualquier estado. Desde las Cámaras al nivel federal hasta las del nivel estatal. Varios municipios de los que más pueden, tienen alcaldes que se les conocen sus gustos por el gasto superfluo. Todo -o casi- se sabe.
El dispendio está a la hora del día. Todos los días aparecen publicadas las notas del despilfarro. Y aquello de que la macroeconomía se nos daba muy bien, quien ahora lo dice no tiene eco ni recepción.
Digan lo que digan, los gobernantes en sentido amplio y a cualquier nivel, han venido perdiendo credibilidad. No es para menos.
En los últimos años, nos han crecido el número de pobres. Tanto que ya pasaron el 51 por ciento de la población nacional. Pemex está que se quiebra: su producción ha bajado así como también su precio internacional. Las remesas también sufren reducciones importantes. El desempleo es no solamente creciente sino una verdadera vergüenza nacional. Estamos, para decirlo pronto, en lo más negativo de los últimos 70 años. Nada más.
Nada más, pero nada menos. Estamos en una gran crisis y aunque desde lo alto nos dicen que ya tocamos fondo, lo que les falta es demostrar cómo le van a hacer para empezar a salir a la superficie. Otra vez y en pocas palabras: no parece que haya proyecto alguno para salir del túnel o de lo más hondo.
No estaría mal que, además de anunciar que se va a recortar más burocracia, nos dijeran todos los que gobiernan con cuánto se van a poner ellos. De sus sueldos, de las prerrogativas de los partidos, de los diputados y senadores, de los gobernadores y alcaldes.
Así hasta nos logramos dar cuenta del tamaño del sacrificio que están dispuestos a hacer por los demás, en el terreno que más les gusta y en efectivo.
Las cosas están mal. Ya ha habido diversas e importantes voces que hablan, con alarma, de posibles estallidos sociales. Desde aquí se han señalado casos que van por ahí: asaltos a trenes cargados de granos, de chatarra y otras expresiones sociales en variados puntos de nuestra geografía nacional, que dan cuenta de las primeras manifestaciones de la desesperación.
El asesinato de un diputado perredista en el estado de Guerrero, llama la atención nacional. Los partidos denuncian el asesinato y exigen resultados de las investigaciones. Se habla de asesinato de carácter político que hay que probar. Pero sin lugar a dudas, ya es un llamado de atención, uno más, para la llamada clase política: hay quienes no están jugando, amenazan y cumplen.
Y lo demás, por ahora parece que es lo de menos. Nuestros políticos parece que llegaron tarde al reparto de la sensibilidad. No se dan por aludidos cuando se les dice que el meollo del asunto está en el modelo con el que quieren que siga caminando (¿caminando?) la economía.
En muchos lados, empezando por el vecino del Norte, se quiere cambiar. Hay búsqueda de alternativas. En el Sur también. Pero aquí no, hasta ahora.
Por eso es que se insiste, desde diferentes posiciones, que en la nueva Legislatura se hagan verdaderos esfuerzos por poner a debate la situación actual y las alternativas que se requieren para superar una enorme cantidad de problemas.
Se trata de volver a lo fundamental. De debatir y de abrir a la reflexión nacional los problemas que ahorcan a la nación. De saber escuchar las voces que disienten de la verdad oficial, que no están en los partidos (por algo ha de ser), que están en otras organizaciones sociales. Las universidades tendrían mucho qué decir y aportar. El caso es que por los datos oficiales y de agencias internacionales, el tiempo no sobra.
Habría que tomar en serio a la realidad. Aunque sea solamente por una vez.
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