¿Cómo valorar económicamente el capital natural? las estimaciones del INEGI

La percepción pública de que los recursos naturales son finitos y que la disminución de su disponibilidad puede conducir a colapsos económicos es relativamente reciente. Aunque desde 1798 Malthus presentó esta preocupación en su Ensayo sobre el principio de la población, en teoría económica los antecedentes datan de los años cuarenta (Cecil Pigou, La economía del bienestar, 1946), y su desarrollo en políticas internacionales inicia hasta los años setenta con los trabajos del Club de Roma. Tradicionalmente considerados como bienes de libre acceso, actualmente y cada vez más los recursos naturales son considerados como bienes escasos cuyo ritmo de explotación puede provocar su agotamiento.
En este orden de preocupaciones, desde la Cumbre de Río en 1992 el capítulo 8 de la Agenda 21 recomienda integrar la contabilidad ecológica a los sistemas tradicionales de contabilidad económica. Esta recomendación propició la formación de al menos tres grupos internacionales: un Grupo de Trabajo Intergubernamental, por iniciativa de la Comisión Mundial de Estadística de las Naciones Unidas (CMENU); el Grupo Londres, en el que participan 14 países miembros de la OCDE y otros cinco organismos internacionales; y el Grupo Nairobi, por iniciativa del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Estos esfuerzos dieron lugar a un Sistema integrado de Contabilidad Económica y Ambiental (SEEA, por sus siglas en inglés: http://unstats.un.org/unsd/envaccounting/seea.asp). En 1998, 185 países miembros de la CMENU adoptaron acuerdos conducentes a integrar cuentas ecológicas en las cuentas económicas nacionales.
En México, las capacidades desarrolladas por el INEGI para integrar cuentas ecológicas a las económicas constituyen una de las experiencias más avanzadas en el mundo. Desde 1993, el Sistema de Cuentas Económicas de México (SCN) integra la contabilidad ambiental, en términos de costos por agotamiento y por degradación de recursos naturales, en el Producto Interno Neto Ecológico (PINE). Se trata del Sistema de Cuentas Económicas y Ecológicas de México (SCEEM, www.inegi.org.mx/inegi/default.aspx?s=est&c=6992&e=&i=).
Con la aparición de la impresionante obra dirigida por el Dr. Sarukhán sobre el Capital Natural de México (CNM; ver Glocalfilia del 4 de agosto), se pone al orden del día la importancia estratégica de incorporar la contabilidad ecológica en las cuentas económicas nacionales. La Síntesis Ejecutiva de CNM señala que la valoración de costos y beneficios por uso y usura del capital natural, y la interfase con el cambio climático, son dos asuntos prioritarios insuficientemente abordados en la obra. Asuntos claves, ambos, de la agenda ambiental, ya que una progresiva valoración económica del capital natural en las cuentas nacionales obligaría a que las políticas macroeconómicas se ajustasen a criterios de sustentabilidad y, en este proceso, la valoración económica del carbono constituye ya un primer estimador global del capital natural.
El INEGI ofrece estimaciones económicas sobre la pérdida de capital natural en México durante el periodo 1996-2004 (http://www.inegi.org.mx/inegi/default.aspx?s=est&c=6992&e=&i=). Para ello integra a los activos económicos producidos (infraestructuras, maquinaria, equipos) y no producidos (petróleo, minas, bosques, tierras, etcétera), valoraciones monetarias de los activos ambientales no producidos (aire, agua y suelo). El INEGI aplica tres métodos para esta valoración monetaria. El primer método es el de renta neta, que valora la diferencia entre los ingresos obtenidos y los costos totales para mantener de manera sostenida la oferta del recurso. El segundo es el de costo de uso, que estima a valor presente la parte del recurso que ya no estará disponible en el futuro por agotamiento. Y el tercero es el de costo de mantenimiento, que estima el gasto requerido para evitar la degradación o para restaurar el recurso una vez degradado. Los dos primeros métodos se aplican para valorar el agotamiento y el tercero para valorar la degradación.
Al analizar los factores de cambio en la biodiversidad, el segundo volumen de CNM, Estado de conservación y tendencias de cambio, presenta una lista de factores económicos e indica que es urgente la medición de los costos de transacción con el capital natural. Por ejemplo, el balance entre los beneficios y los costos derivados de transformar ecosistemas naturales, ricos en biodiversidad, a superficie agrícola para producción masiva de unas cuantas especies domesticadas; por una parte se obtienen alimentos y materias primas, pero por otra parte se reduce la oferta de otros servicios ambientales de los ecosistemas (agua, suelos, digestión de desechos, equilibrio climático, etcétera), que son igualmente indispensables para la economía.
El INEGI ofrece toda una experiencia y una serie histórica de casi diez años de estimaciones de PINE. Estas estimaciones indican que durante el periodo comprendido entre 1996 y 2004 la pérdida de capital natural por agotamiento y por degradación equivalen a alrededor del 10 por ciento del Producto Interno Bruto. Mucho más que el decrecimiento económico previsible para 2009 debido a la crisis económica global. Y ello sin considerar algunos factores adicionales que CNM indica pero que el PINE todavía no incluye. Se trata de factores complejos porque México es el cuarto país del mundo por su biodiversidad, y cuenta con una enorme variedad de especies y biotas que no sólo ofrecen “materias primas”, sino que contienen vías metabólicas y secuencias génicas únicas en el mundo. Cosas que valdrán mucho, muchísimo, en el futuro, siempre y cuando no degrademos y agotemos esos recursos biológicos ahora.
Integrar cuentas ecológicas al sistema de cuentas económicas nacionales es una de las más importantes y urgentes tareas estratégicas para construir camino hacia la sustentabilidad ambiental del desarrollo. El INEGI es una fortaleza nacional capaz de apoyar este proceso de contabilidad del capital natural de México.

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