Glocalfilia: Crónica de una catástrofe global anunciada, o las ranas de Krugman ante la crisis económica y ambiental

Al observar el estado en que se encuentra la situación económica y ambiental, en Estados Unidos y en el mundo, Paul Krugman recuerda (www.nytimes.com/2009/07/13/opinion/13krugman.html?_r=2) la metáfora de las ranas incapaces de escapar de un estanque de agua que se calienta muy lentamente, hasta inmovilizarlas, e incluso hervir y cocerlas. No se ven todavía suficientes soluciones de fondo –observa Krugman–; se confirma la dificultad humana para responder ante catástrofes anunciadas y la probabilidad de terminar como metafóricas ranas cocidas.
Y es que cuando de manera casi imperceptible y cotidiana alguna catástrofe se aproxima muy lentamente, y además las políticas públicas económicas y ambientales para hacerle frente requieren considerable tiempo entre su puesta en marcha y el momento en que empiezan a tener efecto –años en el caso de la economía, décadas en el caso del medio ambiente–, resulta muy difícil y complicado que la gente decida a tiempo lo que tiene que hacer para eludir catástrofes, por más anunciadas que sean. Es el caso de las crisis económica y ambiental –dice Krugman–; ambas ranas se mantienen sentadas en el estanque mientras las aguas se sobrecalientan.
Apenas en el invierno pasado la economía global estaba en aguda crisis, bajo la sombra de la posibilidad de un evento tipo Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado. El presidente Obama y otros líderes de países desarrollados adoptaron planes de ayuda para estimular la economía, que en breve empezarán a tener efecto. En este contexto de inicio de recuperación se consolida un consenso prospectivo de que el producto interno bruto pronto comenzará a crecer, pero el mismo consenso indica que el desempleo repuntará.
Los pronósticos del Wall Street Journal indican que el desempleo continuará en crecimiento hasta 2010 en los Estados Unidos (ya sabemos lo que pasa en México en estas situaciones); que millones de personas se encontrarán desempleadas no por semanas sino por meses o años; perderán ahorros, casas y más. Para eludir este desastre económico y social urge –indica Krugman– otra ronda de estímulos fiscales, pero ahora que la caída libre acabó el sentido de urgencia parece haberse disipado; ni Obama ni el Congreso muestran ninguna inclinación para actuar. Esta apatía seguramente cambiará cuando el desempleo alcance todo su esplendor, pero entonces ya será demasiado tarde para evitar que constituya un desastre social y humano.
El problema de la rana hervida en el caldo de la economía es nada comparado con el de la rana hervida en el del cambio climático. Veámoslo así –señala Krugman–, si el consenso prospectivo de los expertos en economía es sombrío, el de los expertos en el clima es aterrador: “el pronóstico central de los principales modelos climáticos –no el peor de los escenarios, sino el más probable– es una catástrofe completa, un ascenso de las temperaturas que desestabilizará la vida tal como la conocemos si mantenemos nuestra trayectoria presente”. Mientras el cambio climático se perciba más como una amenaza futura, que se aproxima lenta y sigilosamente, que como una crisis ya presente que amerita toda nuestra atención, la rana no se moverá del estanque. Porque las dimensiones reales de la catástrofe no serán plenamente visibles sino hasta dentro de algunas décadas, quizás generaciones. Lo pero es que todavía les quedan algunos años de bla-bla-bla a los escépticos y otros irresponsables, antes de que el cambio climático haga crisis –de manera mucho más intensa que la económica y a gran escala– y les cierre la boca para siempre.
Por eso, y en consonancia con las recomendaciones de Stern y del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, Krugman propone que “evitar esta catástrofe debiera ser la política dominante de nuestro tiempo”. Coincidimos plenamente; por sus requerimientos ordenadores –en la producción y el uso de la energía, en la producción industrial, el crecimiento económico y la utilización del territorio–, el combate al cambio climático ofrece la gran oportunidad histórica de corregir el rumbo del desarrollo humano para ajustarse a la biosfera.
En México (y en el mundo) todavía estamos lejos de que la política dominante se organice alrededor de evitar –o minimizar– la catástrofe climática global. Disponemos no obstante y por primera vez en políticas públicas ambientales de un instrumento programático vinculante, que compromete a todas las dependencias de la administración pública federal: el Programa Especial de Cambio Climático 2009-2012 (PECC). El proceso de más de cuatro años que condujo a la elaboración y publicación del PECC ha puesto a la vista de todos los tomadores de decisiones y hacedores de políticas, sin excepción, que el cambio climático no es un asunto que pueda mantenerse de lado u olvidado.
Además, coincidente con la próxima publicación del PECC en el Diario Oficial de la Federación, el Programa de Ordenamiento Ecológico General del Territorio (POEGT) ha sido puesto a consideración de consulta pública durante 60 días (www.semarnat.gob.mx/queessemarnat/consultaspublicas/Pages/Inicio.aspx).
El POEGT es un punto de apoyo clave para el PECC, pues constituye un eje conceptual e instrumental para reducir la vulnerabilidad de los sistemas naturales y humanos ante los impactos adversos previsibles del calentamiento global [y mucho más para la política ambiental, que analizaremos en una próxima entrega]. A su vez, el PECC ofrece al POEGT una visión de largo plazo en términos de adaptación ante el cambio climático. Una vez publicados, el PECC y el POEGT constituirán los dos más omni abarcantes e influyentes instrumentos de transversalidad ambiental –lo que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD) denominaba “integración de políticas económicas y ambientales” en los años noventa.
Ya veremos qué tanto se logra profundizar y aprovechar la influencia de estos dos instrumentos vinculantes de política ambiental nacional, el PECC y el POEGT, para propiciar una revisión a fondo y una adecuación del sistema nacional de planeación acompañada de: una primera valoración económica, sectorial y regional, de los costos de mitigación y adaptación de mediano y largo plazos; una propuesta de trayectoria de desarrollo tecnológico-industrial bajo en carbono; una estrategia nacional de reubicación de asentamientos humanos y de grandes infraestructuras; un sistema nacional de defensa costera ante intrusión marina; un sistema nacional de gestión integral de riesgo; un primer Atlas Nacional de Vulnerabilidad ante el cambio climático; y una propuesta al Poder Legislativo de adecuación del marco jurídico; además de reducir al menos 50 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, en 2012, respecto del escenario tendencial.
Si el Poder Ejecutivo Federal cumple en tiempo y forma con la entrega, antes de concluir la administración en 2012, de todos estos productos claves estratégicos del PECC, apoyados por el POEGT, México se habrá distinguido internacionalmente al incluirse en el minoritario grupo de países que contribuyen efectivamente al esfuerzo global por evitar la catástrofe climática anunciada (o que la rana se mueva a tiempo para no terminar cocida, pues...).

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