Glocalfilia: El G8 pacta límite al calentamiento global, el G5 sonríe, el mundo espera...
Lunes, 13 de Julio de 2009 19:00
Escrito por Germán González Dávila
Como cada año desde hace treinta y cinco, la reunión del Grupo de las Ocho (G8) economías más industrializadas del planeta ha ofrecido declaraciones sobre la situación global de la economía, el crecimiento y la estabilidad económica, en un contexto de recuperación en tiempos de crisis y de combate al cambio climático.
A 144 días de camino rumbo a Copenhague este próximo diciembre, para realizar la 15 Conferencia de las Partes (COP15) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), aunque las declaraciones parecen ir en el sentido correcto no parecen ser suficientes para lograr el tan deseable como urgente pacto de Copenhague: ¿cuánto reducirá el G8 el crecimiento de sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) hacia el horizonte 2020? ¿Cuántos fondos destinarán las economías desarrolladas durante el segundo periodo de cumplimiento para la ayuda a un desarrollo industrial bajo en carbono? ¿Cómo se incentivará el desarrollo, la sustitución y la difusión de tecnologías por nuevas neutras o bajas en carbono?
Durante los últimos años, el G8 pasó de reconocer el problema antropogénico del cambio climático (lo que era mucho pedir en la era Bush), a considerar en sus debates y declaraciones trayectorias posibles de reducción, particularmente la propuesta del Japón: Cool Earth 50, por lograr un 50 por ciento de reducción global de emisiones en 2050. Ahora reunidos en L’Aquila, una de las ciudades del centro de Italia impactadas por el temblor del 6 de abril, los líderes de los países más industrializados reconocieron el punto de vista científico sobre la necesidad de mantener por debajo de los dos grados Celsius el incremento de la temperatura promedio global, en el curso del siglo y respecto de la situación preindustrial. Con ello, el G8 coloca a los Estados Unidos y al Japón al ritmo del posicionamiento propuesto por la Unión Europea y da un paso –sólo uno– adelante, en la dirección correcta, en las negociaciones rumbo a Copenhague.
Porque mantener por debajo de los 2º Celsius el incremento de la temperatura promedio global implica, con base en la misma información científica, lograr una reducción de al menos 50 por ciento en 2050 respecto de las emisiones globales actuales de GEI. En este orden de cosas, los líderes del G8 se comprometieron a contribuir con un 80 por ciento o más de reducciones para el mismo plazo, respecto de las emisiones mundiales de 1990 (o años más recientes, pues Estados Unidos utiliza 2005 como año base; y Japón todavía no señala uno). Pero no dijeron una palabra sobre los urgentes compromisos de reducción para el segundo periodo de compromiso de la convención (post 2012).
Por su parte, los líderes del G5 sonrieron, y no se comprometieron. Igual reconocieron la necesidad de mantener por debajo de 2º Celsius el incremento de la temperatura debida al cambio climático, y dieron la bienvenida a una meta “aspiracional” (término utilizado en las negociaciones climáticas debido al anglicismo “aspirational”) de reducir 50 por ciento las emisiones en 2050. Y tampoco dijeron una palabra sobre posibles compromisos de reducción para el post 2012.
Establecer compromisos para limitar las emisiones globales durante el periodo 2013-2020 es lo crucial hoy día. Porque las metas “aspiracionales” de 2º Celsius o 50 por ciento de reducciones en 2050 serán posibles, si y sólo si, la curva de crecimiento tendencial de las emisiones globales se logra “doblar” hacia la baja antes de 2020. Es decir, las emisiones crecen tendencialmente a un ritmo global de circa 500 millones de toneladas de bióxido de carbono equivalente (MtCO2e) por año, lo que las hará pasar de alrededor de 50 mil millones de toneladas (GtCO2e) actualmente a poco más de 70 mil millones en 2050. Si la aspiración es que en 2050 las emisiones globales se limiten a 25 GtCO2e, estamos hablando de evitar 45 GtCO2e que en 2050 sucederán si todo sigue como va; ¡si la Comunidad de Naciones no empieza a asumir compromisos cuantitativos de reducción ya!
Esto es lo que está en juego hacia Copenhague, lograr compromisos cuantitativos de reducción que conduzcan a más tardar en 2020 al punto de inflexión, hacia la baja, de la curva de crecimiento global de emisiones de GEI. Ello implica que en 2020 los países más desarrollados reduzcan sus emisiones en alrededor de un 30 por ciento, respecto de las de 1990; y que los países en desarrollo más avanzado (los miembros del G5 y algunos otros) logren su punto definitivo de inflexión hacia la baja, respecto de sus escenarios tendenciales (que no es lo mismo que respecto de un año base), a más tardar en 2020.
Una regla básica del juego en materia de combate multilateral contra el cambio climático es que las responsabilidades son comunes pero diferenciadas entre las partes. Todas las partes signatarias tienen la responsabilidad común de evitar que las concentraciones de GEI en la atmósfera terrestre alcancen proporciones catastróficas para la vida en el planeta, pero cada una de ellas está obligada a hacerlo en la medida de su grado de desarrollo nacional y de sus capacidades específicas.
Por ello el G8 y las demás naciones más industrializadas, principales responsables históricas y entre los mayores contribuyentes actuales del problema, tienen la obligación de asumir el liderazgo en los esfuerzos globales de mitigación; y les tocó hacerlo solas durante el primer periodo de cumplimiento (2008-2012) de la Convención. Pero ahora, para el segundo periodo de cumplimiento, a las naciones de desarrollo industrial intermedio –como Brasil, China, Corea del Sur India, Indonesia, México o Sudáfrica–, y entre las mayores contribuyentes actuales del problema, también les toca empezar a hacer su parte de esfuerzos cuantificados de reducción de emisiones.
Esto fue lo que le falló al Foro de las Mayores Economías (MEF por sus siglas en inglés), el G8 más 5, avanzar indicaciones sobre la magnitud de los compromisos de reducción hacia 2020, para el segundo periodo de cumplimiento, de tal modo que se diera un buen empujón a las negociaciones rumbo a Copenhague.
En este contexto, México ha lanzado su Programa Especial de Cambio Climático (PECC, a punto de publicarse en el Diario Oficial de la Federación), el cual contiene compromisos domésticos de reducción que fortalecen su posicionamiento en las negociaciones multilaterales. Estos compromisos logran separar de la curva del escenario tendencial la trayectoria de crecimiento de las emisiones nacionales, por un total de 51 millones de toneladas de CO2 reducidas en 2012, equivalente al 6.5 por ciento de las emisiones tendenciales ese año. ¡Con el PECC México podría incluso lograr un crecimiento cero de emisiones durante el periodo 2007-2012!
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