Glocalfilia: ¿Sustentabilidad ambiental en las plataformas electorales? /y II
Martes, 30 de Junio de 2009 19:00
Escrito por Germán González Dávila
La plataforma del PSD, en 139 cuartillas, también contiene más planteamientos de posición que propuestas instrumentales. Señala que México es un país “ecológicamente deficitario”, pero ninguno de los cinco temas que identifica como los más importantes de la agenda nacional es ambiental.
Una serie de declaraciones versan sobre lugares comunes, como que debe promoverse una política de producción no contaminante; desarrollar tecnologías de reciclaje de desechos sólidos; racionalizar la distribución, el uso y reciclaje del agua; reglamentar la emisión de contaminantes industriales, domésticos y del transporte; conservar las áreas naturales protegidas; defender las especies de flora y fauna; adoptar soluciones integrales para los rellenos sanitarios que incluyan la posibilidad de generar subproductos para la agricultura y recuperar materiales para la industria; o una legislación para residuos peligrosos. Propone la creación de fondos compensatorios internacionales para remediación ambiental, una producción de energía menos dependiente de hidrocarburos, y que México debe liderar “el esfuerzo por salvar el planeta”. Atinadamente señala que se requiere de una planeación a largo plazo para diseñar estrategias integrales que impulsen un crecimiento equilibrado y duradero.
El PT presenta su plataforma en 52 páginas, ordenada en siete capítulos. Al final del sexto, Ámbito social, concede media página a la cuestión ambiental, en donde reconoce el deterioro y propone elaborar un Plan Nacional de Protección y Mejoramiento Ambiental, ampliar la participación social en la búsqueda de soluciones, fortalecer los aspectos culturales; y modificar la legislación vigente para incrementar la penalización por prácticas destructivas y contaminantes.
Convergencia presenta una plataforma de 43 páginas que apenas toca los asuntos ambientales. Plantea promover “la generación de fuentes alternativas de energía”; el aprovechamiento racional de los recursos naturales y la protección del medio ambiente; y una política exterior congruente con las necesidades nacionales que fomente las soluciones multilaterales de problemas internacionales, como el cambio climático.
Finalmente, el Panal presenta la plataforma menos extensa con sólo 31 páginas. El medio ambiente lo aborda en un tercio de página, y sólo en relación con la educación, el desarrollo de instrumentos económicos, el estado de derecho, la transparencia y la rendición de cuentas.
Casi todas las plataformas coinciden pues en reconocer la relevancia de la cuestión ambiental, y en especial del cambio climático. Pero todas ellas fallan al no asumir, explícitamente, que la crisis ambiental y el calentamiento global constituyen problemas centrales que amenazan el desarrollo. Lo que escapa a todas las plataformas de los partidos es cómo y cuánto los temas prioritarios –seguridad, alimentación, vivienda, salud, empleo, producción agrícola, industria, etcétera– hoy día se encuentran íntimamente vinculados con el problema del cambio climático y la sustentabilidad ambiental. Si las plataformas de los partidos políticos contendientes en las elecciones intermedias de este próximo domingo 5 de julio fallan en abordar satisfactoriamente el problema ambiental, en ello los mensajes de los candidatos durante las campañas políticas recién concluidas fueron prácticamente nulos.
Porque para resolver la crisis ambiental y mitigar el calentamiento global se requiere reconstituir el sistema nacional de planeación y articular una visión multilateral de futuro a largo plazo, una política económica e industrial limpia y baja en carbono, una política territorial ordenadora que preserve la integridad de los ecosistemas y disminuya la vulnerabilidad de las infraestructuras, una política demográfica que disminuya la vulnerabilidad de los asentamientos humanos y, en fin, políticas educativa, científica y tecnológica que preparen al genio humano para apoyar un nuevo desarrollo económico y civilizatorio.
Mientras en los Estados Unidos la ley Waxman-Markey para combatir el cambio climático y promover energías limpias logró su aprobación el viernes 26 en la Cámara de Representantes (equivalente a diputados, véase Glocalfilia del 28 de mayo), los legisladores mexicanos todavía son incapaces de entender y ubicar la magnitud y los alcances de la pérdida incesante de capital natural –agudizada a escalas probablemente catastróficas por el cambio climático–, en relación con la seguridad estratégica energética, alimentaria, de disponibilidad de agua y, a fin de cuentas, de gobernabilidad. Ya lo veremos, cuando el futuro nos alcance...
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