Glocalfilia: Reducirá 83 por ciento Estados Unidos sus gases invernadero en 2050, la ley Waxman-Markey

Un golpe de timón de 180 grados, eso es la decisión que el pasado jueves 21 de mayo, por 33 votos a favor y 25 en contra, tomó el Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes (equivalente a diputados) de Estados Unidos. Se trata del Acta Americana sobre Energía Limpia y Seguridad (ACESA, por sus siglas en inglés), conocida también como proyecto de ley Waxman-Markey por quienes la elaboraron y propusieron (http://energycommerce.house.gov/).
Se trata de una decisión histórica porque cambia la concepción de seguridad energética de EU, basada tradicionalmente en las reservas petroleras domésticas y del exterior. Concepción que llevó a las dos administraciones Bush –padre e hijo– a sendas guerras por petróleo. La ley romperá –señalaron Waxman y Markey el jueves 21– la dependencia de América del petróleo exterior.
Es una ley histórica porque modifica el enfoque tradicional de una economía basada en el petróleo y el carbón hacia una economía basada en energías limpias que, para ser posible, tendrá que impulsar como nunca antes la innovación tecnológica y la creación de millones de empleos “limpios”, como parte de una estrategia de recuperación y de crecimiento a largo plazo en un contexto de crisis económica.
La iniciativa también es histórica porque, por primera vez, logra hacer concurrir a muchos que en el pasado reciente se opusieron férreamente a un esfuerzo común para combatir y mitigar el calentamiento global antropogénico. Cuando esta ley entre en vigor este año, los Estados Unidos de América dejarán atrás la irresponsable política que durante ocho años mantuvo la Casa Blanca frente al mayor problema global económico-ambiental de nuestro tiempo: el cambio climático.
Con este gran golpe de timón, el gobierno del presidente Barack Obama posiciona por fin a los Estados Unidos al lado del Reino Unido, de la Unión Europea y de Japón, países que asumieron los compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) del Protocolo de Kyoto (PK). En una época en que el gobierno de los Estados Unidos no solamente no quería saber nada de ello –y por eso nunca ratificó el PK–, sino que incluso negaba que el cambio climático fuera un problema antropogénico (causado por actividades humanas). Además, tanto el Reino Unido, como la Unión Europea y el Japón continuaron hasta años recientes sus esfuerzos de mitigación del calentamiento global y anunciaron compromisos adicionales para el segundo periodo de cumplimiento, o post 2012, de la Convención Marco de las Naciones Unidas de Cambio Climático (CMNUCC; es decir, cuando concluya en 2012 el periodo de cumplimiento correspondiente al PK).
La Unión Europea lanzó desde 2005 una propuesta mundial orientada a que todos los esfuerzos de mitigación concurran en evitar que la temperatura promedio global se incremente más allá de dos centígrados en el curso del presente siglo, respecto de la temperatura global promedio preindustrial, para lo cual es indispensable reducir 50 por ciento las emisiones globales en 2050. En tal sentido adoptó, en diciembre 2008, una política integrada de cambio climático y energía, que la compromete a reducir en al menos un 20 por ciento sus emisiones de GEI en 2020, respecto de aquéllas de 1990; y hasta en un 30 por ciento si otros países desarrollados hacen un esfuerzo equivalente. Asimismo toma previsiones para, de acuerdo con la información del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés; órgano científico técnico de la CMNUCC), reducir en al menos 80 por ciento sus emisiones en 2050 respecto de aquéllas en 1990 (http://ec.europa.eu/environment/climat/future_action.htm).
También con base en las consideraciones del IPCC, la Unión Europea condiciona la posibilidad de una reducción del 50 por ciento de las emisiones globales en 2050 a que los países en desarrollo, que sean economías emergentes e importantes emisores de GEI (como China, India, Brasil, Indonesia, Sudáfrica, Corea y México), inicien asimismo esfuerzos de mitigación y reduzcan sus emisiones en un 15 por ciento para 2020, pero no respecto de 1990 u otro año de referencia, sino respecto del crecimiento tendencial de sus emisiones. En el caso de México esto querría decir que, si nuestras emisiones de GEI en 2000 fueron de 640 millones de toneladas y la tendencia de crecimiento apunta hacia alrededor de 830 millones en 2020, tendríamos entonces que evitar 125 millones para que nuestras emisiones totales no rebasen las 705 millones de toneladas ese año.
Por su parte Japón –aunque no parece estar en condiciones de cumplir plenamente sus compromisos de reducción del PK–, presentó a consideración de la Cumbre del G8 de 2007 en Heiligendamm, Alemania, la iniciativa “Tierra Fría 50”, que consiste en lograr un 50 por ciento de reducción de las emisiones globales de GEI en 2050. En esa ocasión los líderes de los países más industrializados del planeta concordaron en considerar seriamente la propuesta (incluso Bush Jr.). Al año siguiente en 2008, la Declaración de la Cumbre en Hokkaido, Japón, indicó que el G8 buscará compartir una misma visión con todos los países que son Parte de la CNMUCC, a fin que se considere y adopte esta iniciativa como meta de la Convención, respetando el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas de acuerdo a las capacidades de cada una de las Partes. Sin embargo y hasta fecha muy reciente, Japón solamente ha indicado que realizará esfuerzos de reducción para lograr entre un 60 y un 80 por ciento de reducción en 2050, respecto de sus emisiones de “los años en curso”.
En el caso del Reino Unido, el 14 de noviembre de 2007, el Parlamento introdujo un proyecto de ley que el 26 de noviembre de 2008 pasó como ley: el Acta de Cambio Climático (ACC). En ella, y siempre consideradas las emisiones de 1990 como año de referencia (año base establecido por el PK]) el Reino Unido se obliga a reducir 26 por ciento sus emisiones en 2020 y al menos 80 por ciento en 2050. Con esta ACC, el Reino Unido se convirtió en el primer país del mundo que se compromete legalmente a cumplir metas de tal envergadura (www.defra.gov.uk/environment/climatechange/uk/legislation/).
Ahora los Estados Unidos se convierten en el segundo país en hacer lo propio. La recientemente aprobada Acta Americana sobre Energía Limpia y Seguridad contiene cuatro títulos. El primero es sobre energía limpia y aborda la promoción de las fuentes renovables de energía, las tecnologías para la captura y el secuestro del carbono, los automóviles eléctricos, y la transmisión de electricidad en redes inteligentes. El segundo aborda cómo incrementar la eficiencia energética en todos los sectores de la economía, incluyendo inmuebles, electrodomésticos, transporte e industria. El tercero, sobre calentamiento global, con base en la información científica disponible pone límites a las emisiones contaminantes con potencial de calentamiento y establece un sistema de permisos comercializables de emisiones de carbono; con esto, y tomando como referencia las emisiones de 2005, plantea reducir un 17 por ciento estas emisiones en 2020, un 42 por ciento en 2030, y un ¡83 por ciento! en 2050. El cuarto título contiene provisiones para, durante el periodo de transición hacia una economía limpia baja en carbono, proteger a los consumidores y a la industria así como promover empleos “verdes”.
Por supuesto, los representantes republicanos votaron en contra, aduciendo que “la política energética tradicional de EU es el fundamento y piedra angular de su economía de libre mercado (¿les huele a petróleo?); que el costo por familia americana será de más de 29 mil dólares durante diez años; y que las tarifas eléctricas se elevarán 90 por ciento, 74 por ciento las de gasolinas y 55 por ciento las de gas natural”
Pero el Acta Waxman-Markey ha recibido un amplio apoyo por parte de las compañías productoras y distribuidoras de electricidad, de las compañías de energía, de las manufactureras y de la industria en general, de las corporaciones y de los sindicatos, así como de las organizaciones defensoras del medio ambiente.
Se trata de muy buenas noticias, para el mundo y en particular para México. Para el mundo, porque el mayor emisor del planeta (hasta 2003 pues a partir de 2004 China supera a los Estados Unidos) ahora entra al club de los reductores mayores, e introduce una importante componente de solución de largo plazo a la crisis económica global. Para México, porque si sabemos aprovechar las oportunidades de sustitución tecnológica, flujo de recursos y creación de empleos limpios de esta trayectoria que ahora inicia nuestro vecino del norte, podremos engancharnos a una locomotora que conducirá a buenas estaciones en el futuro. A fin de cuentas, como decía Jonathan Lash, presidente del Instituto de los Recursos Mundiales (www.wri.org), cuando la crisis económica en curso se declaraba hace algunos meses: “el futuro tendrá que ser sustentable, porque de otra forma no será”.
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