Glocalfilia: Voces contra el programa de cambio climático de México

El tamaño del problema del calentamiento global, como amenaza para el desarrollo humano durante el siglo XXI, es de tal magnitud que la comunidad de naciones adoptó en 1992 una Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), en vigor desde 1994. Con fundamento en el artículo 133 Constitucional, una vez que el Senado de la República ratificó en 1993 la suscripción de México, esta convención pasó a formar parte de la Constitución misma; es decir, la CMNUCC es vinculante y su cumplimiento obligatorio para México.
Entre los compromisos centrales de la Convención para todas sus Partes se cuenta, en primer lugar (inciso a del numeral 1 del artículo 4 de la CMNUCC): elaborar, actualizar periódicamente, publicar y facilitar a la conferencia de las partes, inventarios nacionales de las emisiones antropógenas por las fuentes y de la absorción por los sumideros de todos los gases de efecto invernadero (GEI) no controlados por el Protocolo de Montreal; en segundo lugar (inciso b): formular, aplicar, publicar y actualizar regularmente programas nacionales y, según proceda, regionales, que contengan medidas orientadas a mitigar el cambio climático.
México ha elaborado y publicado tres inventarios nacionales de emisiones (INEGEI) y, recientemente, concluido un primer programa nacional de acción climática: el Programa Especial de Cambio Climático 2009-2012 (PECC). El PECC es resultado de un proceso de poco más de cuatro años de esfuerzos concurrentes en la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático (la CICC, creada por Decreto publicado en el DOF del lunes 25 de abril 2005), esfuerzos antecedidos por tres décadas de batallas ambientalistas por integrar criterios de sustentabilidad ambiental en las políticas públicas sectoriales de México.
De acuerdo con la Ley de Planeación, se elabora un programa especial, en el marco del Plan Nacional de Desarrollo (PND), siempre y cuando se trate de un problema de desarrollo de alcance nacional; es decir, el PECC constituye un reconocimiento explícito del ejecutivo federal de que el cambio climático es un problema de desarrollo de alcance nacional. Es la primera vez en la historia institucional de México en que la política ambiental cuenta con un instrumento programático transversal vinculante. Sin embargo, en estos últimos días se han levantado algunas voces en contra de la publicación del PECC. ¿Cuáles pueden ser sus motivos? Veamos.
Con el apoyo del Consejo Consultivo de Cambio Climático (C4, presidido por el doctor Mario Molina, premio Nobel de Química 1995), la CICC trabajó durante más de un año y medio para publicar, en noviembre de 2006, el documento: Hacia una estrategia nacional de acción climática (HENAC). Con base en este documento se elaboró la Estrategia Nacional de Cambio Climático (ENACC: www.semarnat.gob.mx/queessemarnat/politica_ambiental/cambioclimatico/Pages/estrategia.aspx), que el Presidente Felipe Calderón presentó públicamente el viernes 25 de mayo 2007 (www.presidencia.gob.mx/programas/?contenido=34714). En esa ocasión, el Presidente dio instrucciones para que la ENACC fuera utilizada como base, en el marco del Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012, de un primer programa nacional específico, vinculante, para combatir el cambio climático.
Durante los siguientes meses de 2007 las dependencias federales involucradas elaboraron sus respectivos programas sectoriales 2007-2012 (www.presidencia.gob.mx/progsectoriales/), algunos de los cuales contienen previsiones sobre políticas de mitigación y de adaptación ante el cambio climático. A partir de 2008 las Secretarías miembros de la CICC se concentraron en la elaboración del PECC.
Considerados los resultados de esta consulta pública y con el apoyo de la Oficina de la Presidencia, durante el segundo semestre de 2008 y primeros tres meses de 2009 la CICC revisó una vez más el documento; expresó todas las metas cuantificables en términos de CO2e y realizó una valoración de costos asociados a la reducción de emisiones. El resultado puede conocerse en el sitio web del Secretariado Técnico de la Comisión: www.semarnat.gob.mx/queessemarnat/consultaspublicas/Pages/peccconsultacomplementaria.aspx, donde la CICC distribuyó el documento para consulta pública complementaria, realizada del 24 de marzo al 12 de abril 2009. Concluida esta segunda consulta, una vez más la CICC recogió observaciones y recomendaciones, y las consideró para el texto final del PECC. Estamos pues en espera de que la Oficina de la Presidencia, o la Semarnat en su calidad de presidente de la CICC, comuniquen oficialmente cuándo se concretará la publicación de este Programa Especial.
En tanto la mayor parte de las organizaciones no gubernamentales presionan por que este documento sea publicado cuanto antes, resulta sorprendente que aparezcan algunas voces en contra de su publicación. No debe publicarse –dicen– porque no se sabe cuáles serán las reglas del periodo post 2012 de cumplimiento de la Convención, y porque no conviene a México dar a conocer compromisos programáticos antes de ello. Lo anterior no es verdad, porque aunque no podamos prever el alcance y la profundidad de las reglas post 2012 antes que tenga lugar la Décimo Quinta Conferencia de las Partes (COP-XV) de la convención –en Copenhague, Dinamarca, diciembre 2009–, todo el mundo (informado) sabe perfectamente cuáles pueden ser estas nuevas reglas y hacia dónde apuntan.
Lo que sucede es que alguna de estas voces quedó fuera de la foto de este primer programa nacional de acción climática de México y no puede permitirse que eso suceda. ¿Qué hacer para quedar dentro de la foto? Pues detener el proceso a la voz de: “¡publicar el PECC es inoportuno!”; de que “es preferible iniciar un proceso de elaboración programática que culmine en 2012, cuando ya “sepamos” cuáles serán las reglas post 2012”; y de que “un buen equipo de trabajo sería capaz de dirigir este proceso”. Por si esto fuera poco, la voz propone “separar las políticas de mitigación de las políticas de adaptación”.
La oportunidad del PECC es impecable porque:
1. Fortalece la posición de México y del Presidente de la República en las negociaciones multilaterales en curso hacia la COP-XV de diciembre 2009, a la que llegará armado con un poderoso instrumento de políticas públicas de combate al cambio climático;
2. Ya sabemos cuáles pueden ser las reglas post 2012, así que el PECC fortalece a México para presionar que el alcance y la profundidad de estas nuevas reglas sean las que más convengan a países como el nuestro; y,
3. El mejor equipo de trabajo es el que ha estado implicado en más de ciento veinte reuniones durante poco más de cuatro años, involucrando decenas de funcionarios públicos de una docena de dependencias federales, decenas de académicos, empresarios y representantes sociales especialistas, más dos consultas públicas. Todo esto con el acompañamiento del Consejo Consultivo de Cambio Climático que preside el doctor Mario Molina (nuestro premio Nobel de Química), los Consejos Consultivos para el Desarrollo Sustentable y la supervisión de la oficina de la Presidencia.
Y craso error conceptual suponer pertinente separar políticas públicas de mitigación de políticas públicas de adaptación. Cierto que el problema del cambio climático consiste en el binomio emisiones –mitigación, por una parte, y vulnerabilidad– adaptación, por otra. Pero la segunda revolución industrial que se requiere para un desarrollo bajo en carbono es, en último análisis, el primer gran paso histórico para adaptar el desarrollo dentro de los límites de la sustentabilidad ambiental, climática en este caso. Y habida cuenta del relativo abandono en el que las negociaciones internacionales tienen a la adaptación respecto de la mitigación, separar estas políticas públicas en México conduciría a su debilitamiento y no a su reforzamiento recíproco, que es el enfoque conceptual del PECC. A fin de cuentas, cada una de las dependencias federales (Sagarpa, Salud, SCT, SE, Sectur, Sedesol, Segob, Semarnat, Sener, SHCP, SRE e INEGI) involucradas en el PECC, deben hacerse cargo de continuar el desarrollo de políticas públicas en materia de reducción de emisiones tanto como de reducción de la vulnerabilidad; y ambas van juntas, son complementarias en el combate al cambio climático, y se apoyan recíprocamente.
¿De veras podría esta voz anti-PECC jefaturar un mejor equipo?

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