Glocalfilia: cómo nos afectarán, o no, las decisiones de la ONU sobre cambio climático

Hoy martes 21 de abril faltan 229 días para la celebración de la décimo quinta Conferencia de las Partes (COP-15) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC: http://unfccc.int), que tendrá lugar en Copenhague en diciembre 2009. Esta COP será crucial porque establecerá las reglas para el segundo periodo de cumplimiento de la Convención. El forcejeo es entre titanes, entre los mayores emisores del mundo. Los países desarrollados y más industrializados son los causantes mayores –actuales e históricos– de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI), pero pronto dejarán de serlo. Hasta la fecha, los países desarrollados contribuyen con el 60 por ciento de las emisiones globales, y los países en desarrollo con el 40 por ciento, situación que pronto se invertirá.
Las emisiones globales de GEI continúan incrementándose a escalas excesivamente preocupantes, no obstante los límites impuestos por la Convención a las emisiones de las economías más industrializadas (países enlistados en el Anexo I de la CMNUCC). De acuerdo con el Protocolo de Kyoto, los países más industrializados, mayores emisores y responsables históricos del problema deberán, en conjunto y durante el primer periodo de cumplimiento 2008-2012, haber reducido sus emisiones 5.2 por ciento menos respecto de aquéllas de 1990. Ello implica que sus trayectorias crecientes de emisiones de GEI deberán haber encontrado su punto de inflexión, e iniciado trayectorias decrecientes, a mediados de esta primera década del siglo XXI.
Entre tanto, el proceso de globalización ha permitido, durante las últimas cinco décadas, un muy rápido crecimiento de algunas economías emergentes –como China, India, Brasil, Sudáfrica, Indonesia, Corea o México–, lo que las ha colocado entre los mayores emisores del mundo. Los datos más recientes del Instituto de los Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés: http://cait.wri.org) sobre la contabilidad global de emisiones de GEI (sin considerar deforestación) indican que, todavía en tercera posición en 2000, China pasó a segunda posición en 2004 y a primera en 2005 con 7 mil 250 millones de toneladas de bióxido de carbono equivalente (tCO2e; equivalente porque incluye el potencial de calentamiento de otros gases distintos al CO2). Así, ahora China pesa el 18.72 por ciento de las emisiones globales; los Estados Unidos, el 18.33; la Unión Europea, el 13.8; la Federación Rusa, el 5.14, y la India, 4.81. México se coloca en undécimo lugar con una contribución del 1.6 por ciento.
En resumen, para sostener nuestro modo de vida y los patrones dominantes de consumo y producción, los seres humanos hemos sobrecalentado la biosfera con emisiones globales que, a partir de 1960, se incrementaron 160 por ciento. Durante el mismo periodo, las de los países desarrollados se incrementaron solamente 100 por ciento en tanto que aquéllas de los países en desarrollo lo hicieron en alrededor de 630 por ciento. El escenario tendencial indica que a mediados de la próxima década los países en desarrollo pasarán a ser los mayores contribuyentes al problema, para llevar las emisiones globales, actualmente de alrededor de 50 mil millones de tCO2e por año, a 70 mil millones o más por año. Esta situación es extremadamente preocupante, porque las concentraciones de GEI en la atmósfera terrestre continuarán incrementándose y, debido al efecto invernadero, entre mayor sea su concentración en la atmósfera, mayor será la temperatura promedio superficial global y mayor el ascenso del nivel del mar. Si la temperatura aumenta más de 3 centígrados y el nivel del mar se eleva más de 80 centímetros en el curso del siglo XXI, Homo sapiens se encontrará ante una situación de catástrofe generalizada y global. ¿Aspiramos a eso los seres humanos? ¿Podemos parar el proceso?
La respuesta es que no podemos parar el proceso de calentamiento global, pero podemos mitigarlo. Durante la última semana de marzo y primera semana de abril 2009 tuvieron lugar dos importantes reuniones de órganos de la CMNUCC: la séptima sesión del Grupo Ad Hoc de Trabajo sobre los Compromisos Futuros de las economías más desarrolladas (enlistadas en el Anexo 1 de la Convención), y la quinta sesión del Grupo de Trabajo Ad Hoc para una Acción Cooperativa de Largo Plazo (que involucra indispensables nuevos compromisos para economías emergentes). Ambas reuniones –preparatorias de lo que podrá acordarse durante la COP-15 en Copenhague, Dinamarca, durante la primera quincena de diciembre 2009– registraron avances que podrán significar cambios sustantivos al inercial modo de vida que mantenemos hasta el presente.
Habida cuenta que la principal fuente de emisiones de GEI se debe a la generación y uso de energía, requerida para todas las actividades económicas en forma de calor o electricidad, las reglas post 2012 de la Convención concentrarán su atención en cómo reducir la intensidad de carbono en la producción de bienes y servicios, a fin de descarbonizar paulatinamente, pero a paso seguro, la economía global. La segunda fuente más importante de emisiones es la deforestación (sólo por esta causa Indonesia emite cada año el equivalente a cuatro veces, y Brasil el equivalente a dos, las emisiones anuales de México), por lo que la Convención mantiene asimismo concentrada su atención en nuevas reglas para la reducción de emisiones por deforestación y por degradación forestal (REDD: http://unfccc.int/methods_science/redd/items/4531.php).
Entre los cambios sustantivos que la COP-15 podría adoptar sobresale un posible impuesto global al carbono. Es decir, el establecimiento de cargas impositivas al carbono utilizado por unidad de producto, por cada cosa producida, en todos los países del mundo. La intención es desincentivar el uso de fuentes de energía altas en carbono. Para que esto sea posible, las grandes inversiones deberán volcarse sobre un desarrollo tecnológico bajo en carbono y fuentes de energía neutras en carbono. La ayuda al desarrollo de parte de los países más desarrollados deberá incrementarse como nunca antes, para apoyar el proceso de sustitución de tecnologías en los países en desarrollo. Paulatinamente, en los mercados globales se impondrán etiquetas de contenido de carbono, y los mercados premiarán a los bienes y servicios que ostenten los menores contenidos. Los mercados mundiales de bonos de carbono se ampliarán y potenciarán su apoyo para la consecución de estas medidas.
Pero todos tendremos que pagar parte de los costos para que este inmenso e inédito golpe global de timón sea posible. Todos tendremos que contribuir con los costosos esfuerzos de reducción de emisiones de GEI, para reducir a su mínima expresión, en el curso de unas cuantas décadas, la intensidad de carbono de nuestras economías. Todo esto puede parecer relativamente caro, sobre todo en medio de una crisis económica global. El reconocido estudio de Sir Nicolás Stern sobre la economía del cambio climático indica costos que fluctúan entre el 1 y el 5 por ciento del PIB global. Muchos no quieren pagar, y se resistirán hasta el último momento. Pero no olvidemos que el mayor problema del calentamiento global consiste en que, si dejamos que las cosas continúen indefinidamente tal y como son hoy día, cuando el futuro nos alcance los costos serán muchísimo mayores que los que podríamos empezar a pagar hoy, de acuerdo con las nuevas reglas que la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático establecerán para su segundo periodo de cumplimiento. La cuestión es: ¿podrán los tradicionales resortes de corto plazo de la política empezar a actuar en el marco de una visión de largo plazo?
glocalfilia@prodigy.net.mx

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