Limpieza total, una persecución capitalista
Viernes, 10 de Abril de 2009 19:00
Escrito por Paloma Ayala
Ya no parece “sorpresa” leer a diario en los titulares de los periódicos frases como “bancos colapsados, caída de la bolsa, frágil economía, ajustes y/o recortes laborales”; tampoco parece algo nuevo el número de personas que están siendo recortadas del campo laboral a diario, por ejemplo en una semana se leen notas así como “Chanel despide a 200 empleados, Woolworth recorta a 27 mil, Motorola a dos mil, Panasonic a 800 trabajadores, Mineras a mil obreros, seis mil más en el sector de maquila, cierre de tiendas” y la lista que continua parece interminable en todo el mundo. Es tanta la abominable realidad que uno se percibe indefenso ante tal situación pero si es que todavía nos queda capacidad de asombro nos preguntaremos...
¿cómo es que llegamos ahí? Al principio pensé que sólo eran los datos y números los que no entendía, o sea, si las acciones en Wall Street bajaban o subían y ese tipo de verborrea técnica, pero después empecé a reflexionar que los números reflejan otro tipo de realidad, una limpieza más profunda y muy capitalista que está decidida a cercar a todo lo laboral humano que ya no le proporcione tanto beneficio como antes. Creo que los titulares sólo alcanzan a ver las polaridades entre perder el trabajo o conseguir trabajo, pero lo que considero que no estamos logrando distinguir es el gradiente de todo lo que hay atrás de este proceso y no nos estamos dando cuenta que esa es la gran trampa. Me da la impresión que estamos cayendo en picada en un pánico y que es tan grande nuestra indefensión intelectual y laboral que permitimos que las empresas y gobiernos continúen abusando del personal de trabajo. Estos capataces modernos, tengan el nombre que tengan (Nissan, Xerox, Citigroup, Comercial Mexicana, Motorola, etcétera), no ven en las personas a seres humanos, ellos ven una operación de inversión=beneficio. Los que tienen un trabajo “seguro” entran en un espiral de miedo al desempleo que terminan aceptando trabajar horas extras sin paga, asumen nuevas responsabilidades sin modificación a su salario o sea, cínicamente el capataz les pide “ponerse la camiseta” porque si no “¡estás fuera! recuerda que eres reemplazable”.
No conformes con esto, instalan xenofobia y miedo al “otro” y esa es otra forma de desprocesamiento intelectual y humano. Nos quedamos con mensajes transmitidos por los medios de comunicación y sólo los repetimos sin ninguna reflexión, vemos por ejemplo en Londres obreros con mensajes hostiles que dicen “pongan a los trabajadores ingleses primero”, o sea, el típico ejemplo de decir que los extranjeros vienen a robar el empleo, entonces la batalla no sólo es por el trabajo sino contra el “otro”.
Hemos entregado todo nuestro poder y capacidad laboral a un pequeño sector de monopolio que nos hemos ido convirtiendo poco a poco en nuestros propios victimarios. La mayoría de los lugares de trabajo están diseñados de la forma en que nuestra capacidad de reflexión, socialización y organización están cooptadas casi desde un principio, se encajona al personal, se le manda meter víveres en una bolsa minuto tras minuto, a apretar botones, a mirar hacia la pared, a hacer más y más clientes para el beneficio de la empresa y después nos botan sin remordimiento alguno, nos reducen a “máquinas fuera de servicio”, claro, no lo van a decir así, sino con argumentos técnicos como “el equilibrio financiero, ahorro, estrategias de sobrevivencia, aminorar gastos, simplificar estructuras, restructuración, etc.” Muchos dirán que eso es solamente problema de las empresas y sus malas administraciones, pero si todavía no podemos darnos cuenta de lo grueso de toda esta complicidad política y económica entonces si que estamos ciegos, nos dejamos confundir con ideas de “progreso” y “empleos” porque se aprovechan de nuestra ignorancia y necesidad.
El capitalismo a fin de cuentas no solamente consta en extraer la fuerza de trabajo del trabajador sino pretende que éste no exista ¡el cinismo es bárbaro! Ahora estoy tratando de entender cómo los gobiernos coludidos con las empresas operan con una inmoralidad de asombro. En Chiapas por ejemplo, ser pepenador ¡ya es prohibido! Y no porque el gobierno se preocupe por la salud o educación de esas personas sino porque estos pepenadores ¡le están quitando las ganancias a una empresa española que recicla el cartón y el aluminio! Lo que si no podía faltar es el toque elegante de justificar esta acción diciendo que hay que iniciar una cultura para el manejo de separación de desechos. Las empresas y gobiernos han acumulado tanto conocimiento y experiencia en hacer más pobre al pobre y se han distinguido por su crecimiento en la falta de hacer justicia.
De lo que he concluido es que ahora por ejemplo en Cuernavaca, con el Bando de Buen Gobierno (artículo 129), no se han querido quedar atrás de todas aquellas grandes empresas que hacen sus negocios en Wall Street y se han solidarizado, a su manera claro, con sus nuevas leyes de recortar posiciones de trabajo a las personas que laboran en las calles (y eso que no son ellos los que les pagan ¡ojo!). Bueno, eso es interesante si hablamos en términos de salarios ¿les dará miedo que una persona que vende chicles en la calle se vaya a hacer más rico que ellos? Aunque el gobierno y las empresas se han distinguido por hacer crecer su vanidad y avaricia me parece que esta idea no es creíble, pero tal vez estoy inclinada a pensar que esta actitud inmoral es para demostrar el poder que ellos tienen sobre las personas. Tienen que demostrar quién tienen la capacidad de quitar y dar empleo en el momento que sea, sacando de contexto como dije, todo el gradiente que existe en el medio.
Finalmente, estas acciones políticas e inmorales avasallan y no dan tregua, sus determinaciones ambiciosas y capitalistas son borrar del mapa a aquel que no rinda “ningún” beneficio a nuestra sociedad, a ver hasta cuándo vamos a quedarnos con la boca abierta o más bien cerrada, sólo leyendo lo que pretenden hacer con nosotros.
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