Glocalfilia: Tres consejos ante la crisis económica y la deuda global de capital natural

El final de una de sus múltiples entrevistas luego de que obtuviera el Premio Nobel de Economía 2008 —por trabajos que permitieron entender mejor los efectos de la globalización debidos a las pautas del comercio y la localización de las actividades económicas—, le preguntaron a Paul Krugman qué reflexión podría ofrecerles a los ciudadanos de a pie para protegerse ante la emergente crisis económica mundial. Respondió con tres consejos: 1) asegurar los ingresos, el puesto de trabajo, tanto si se es un empleado como si se trabaja por cuenta propia; 2) no gastar lo que no se tiene, restringir el uso del crédito, disminuir el gasto en todos los rubros que sea posible; y 3) mejorar la capacidad de evaluar ofertas, aprovechar las que convengan y no caer en la tentación de aquéllas que no.
Paul Krugman es un economista neo-keynesiano que se autocalifica como un tipo básicamente de acuerdo con los modelos económicos de maximización y equilibrio, pero asimismo como un fan autodidacta de la teoría de la evolución. En una conferencia que ofreció en 1996 a la Asociación Europea de Economía Política Evolutiva (http://web.mit.edu/krugman/www/evolute.html), Krugman presentó una serie de ideas muy interesantes acerca de las similitudes entre la teoría económica y la teoría de la evolución; que viene a cuento por la creciente preocupación —debida, particularmente, al problema del cambio climático antropogénico— de cómo y qué tanto se encuentra íntimamente asociado el capital natural a la economía.
Sorprende, a la lectura de esta conferencia, la actualidad del conocimiento y buen entendimiento del Krugman economista sobre el curso de los debates en teoría de la evolución. Conoce bien y cita obras como El gene egoísta de Richard Dawkins, la Genética evolutiva y la Evolución y la teoría de juegos de John Maynard Smith, Rutas estrechas en genelandia de William Hamilton, o la teoría del Equilibrio puntuado de Gould & Eldredge. En resumen, lo que plantea Paul Krugman es que se trata de áreas hermanas del conocimiento debido, básicamente, a que ambas se basan en enfoques y modelos de maximización y de equilibrio dinámico.
Krugman dice que lo que hace la economía es “estudiar los fenómenos que surgen de las interacciones entre individuos inteligentes, que poseen un interés propio”; y explica: 1) sin menosprecio a otros niveles de análisis, la economía trata básicamente de lo que actores individuales hacen, no clases o fuerzas correlacionadas; 2) la teoría económica asume que la gente se cuida a sí misma porque los individuos tienen intereses propios; 3) las oportunidades de ganancia nunca se dejan de lado, por lo que se asumen que los actores económicos son inteligentes; y 4) la economía se preocupa de la interacción entre individuos, por ejemplo en el contexto de oferta y demanda, en la que una “mano invisible” guía los procesos de tal forma que el resultado colectivo no es necesariamente lo que los individuos pretendían desde el principio.
Krugman reconoce que la teoría de la evolución comparte tres de estas cuatro preocupaciones de la teoría económica, ya que estudia la interacción entre individuos —o genes egoístas— con intereses propios, que aprovechan toda oportunidad de ganancia (propagar tantas copias de sí mismos como sea posible). El contraste sería que, a diferencia de los economistas cuyos modelos asumen sólo individuos que actúan racionalmente, los evolucionistas no tienen problema en asumir la “miopía” como comportamiento típico de los seres vivos.
El punto es que —continúa Krugman—, los economistas evolucionistas parecen preocupados por: 1‑ tomar distancia de la idea de que los individuos maximizan sus decisiones, sino que más bien buscan a tientas entre alternativas; y 2‑ tomar distancia de la noción de equilibrio, pues comparten un enfoque en el que las cosas generalmente se encuentran en desequilibrio, contexto en el cual evoluciona la economía.
Y es aquí donde parece que los biólogos evolucionistas ofrecen una buena lección a los economistas, pues no obstante reconozcan que las cosas en la realidad no suceden en términos de maximización y equilibrios, utilizan estas nociones como modelos instrumentales para estudiar la evolución. Estas ficciones útiles dominan el análisis de la evolución de las especies casi tanto como ficciones similares dominan la teoría económica. La diferencia es que los evolucionistas no creen que las cosas sucedan así en la realidad —concluye Krugman.
Dicho esto y toda proporción guardada, resulta interesante concluir la reflexión con otro paralelismo de gran actualidad, considerada la crisis económica mundial en un contexto de crisis ambiental global. La crisis ambiental global está definida por una deuda que la economía mantiene con el capital natural que la sustenta, deuda creciente que, además, las actuales generaciones transferimos a las siguientes.
De acuerdo con los tres consejos de Krugman, presentados al principio de esta nota, debiéramos, en relación con el globalmente erosionado capital natural: asegurar el ingreso; restringir el gasto, y mejorar la capacidad para aprovechar ofertas. Ahora bien, nada indica que Homo sapiens esté haciendo esto, sino todo lo contrario. No asegura el “ingreso” del capital natural, pues muchos de sus bienes escasean ya (energía, atmósfera, recursos hídricos, tierras no degradadas, biodiversidad alimentaria, etc.); no restringe el gasto de capital natural, sino que incrementa la presión en la explotación de bienes y servicios de los ecosistemas; y, tampoco mejora su capacidad para aprovechar oportunidades de cambios profundos que solamente en contextos de crisis pueden ser posibles.
En estas condiciones, aún si podemos esperar que la crisis económica global de nuestros días será superada en algún futuro próximo, mantenemos una profunda incertidumbre respecto de si Homo sapiens será o no capaz de superar la crisis ambiental global, antes de que pequeñas o grandes catástrofes le obliguen a adaptarse a ella, pero involucrados costos sociales de magnitud global nunca experimentada hasta el presente...

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