Darwin, evolución y extinción
Martes, 24 de Febrero de 2009 19:00
Escrito por Germán González Dávila
La de la Tierra es una historia de profundas transformaciones desde su origen hace casi 5 mil millones de años. La evolución de la vida en la Tierra, que inicia hace alrededor de 3 mil 800 millones de años, forma parte de esta historia geológica.
La fotosíntesis lleva más de 2 mil millones de años atrapando la energía solar para distribuirla entre los demás seres vivos; los primeros peces aparecieron hace 500 millones; los primeros reptiles hace 250 millones; las plantas con flores hace 200 millones; y el despliegue de los mamíferos empezó hace 65 millones de años. Los primeros homínidos, genéricamente denominados australopitecos, aparecieron hace alrededor de 5 millones de años; los primeros Homo hace 2 millones de años; y los más viejos vestigios de Homo sapiens datan de hace 200 mil años.
Hace 150 años, la obra de Charles Darwin: El origen de las especies mediante la selección natural o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida, explicó el principio de la selección natural mediante el cual, para cada especie, los individuos mejor adaptados a su medio ambiente tendrán mayor probabilidad de sobrevivir y con ellos su descendencia, ya que debido al poderoso principio de la herencia, toda variedad seleccionada tenderá a propagar su nueva y modificada forma (Charles Darwin). Dicho de otro modo, la selección natural implica la extinción de los individuos menos aptos al interior de cada especie y, a escala de ecosistemas y biorregiones, la extinción de grupos de especies cuyas estrategias adaptativas no resultan las más adecuadas a las características y dinámica del medio ambiente. Por cada variedad orgánica que pasa la prueba de la selección natural y sus descendientes sobreviven, muchas otras especies desaparecen.
Esta es la ley de la evolución orgánica: origen, despliegue y, tarde o temprano, extinción. Es decir, ajustándose a las grandes transformaciones geológicas de la Tierra todas las especies —sin excepción— han evolucionado, han aparecido en algún momento de esta historia, y se han extinguido en otro posterior, después de supervivir durante miles, cientos de miles o millones de años. La historia de la vida es como un árbol, y las especies que hoy vemos son sólo las ramas más recientes, los brotes y las flores.
El registro fósil indica que durante los últimos 600 millones de años han ocurrido alrededor de 20 extinciones masiva, 5 de los cuales hicieron desaparecer a buena parte de las especies de la época geológica correspondiente. La primera, extinción masiva de invertebrados marinos, marca el fin del periodo Ordovícico hace 435 millones de años; la segunda hace 370 millones de años marca el fin del periodo Devónico, desaparecen familias enteras de peces y el 70 por ciento de los invertebrados marinos; la tercera marca el fin de la era Paleozoica, hace 245 millones de años, y es la mayor extinción masiva pues desaparecieron el 90 por ciento de todas las especies marinas y terrestres; la cuarta, hace 210 millones de años, hizo desaparecer al 70 por ciento de las especies marinas; y la quinta, que marca el fin de la era Mesozoica, coincide con el impacto de un enorme asteroide hace 65 millones de años que hizo desaparecer a todos los dinosaurios.
Ahora, coincidiendo con el 200 aniversario del natalicio de Charles Darwin el 12 de febrero próximo pasado, Homo sapiens ha inaugurado un periodo geológico —que podríamos denominar el Antropoceno—, pues se confirma como la causa directa de la sexta gran extinción en la historia de la vida en la Tierra. La edad en la que un primate exitoso, con un tamaño poblacional nunca antes lograda por ningún otro, cambió el clima e hirió la matriz de la vida en el planeta.
Homo sapiens interviene prácticamente como una fuerza geológica, los sistemas humanos económicos y sociales mantienen su gobernabilidad en marcos de referencia que pueden resultar apropiados para el corto y mediano plazos, pero no para un largo plazo que se anuncia de escasez creciente de bienes comunes y de crisis de abasto. El problema de fondo tiene que ver con la seguridad de las personas y sus bienes, con la seguridad energética y alimentaria, con la seguridad estratégica de la integridad territorial, el control de las migraciones y la convivencia pacífica y civilizada.
Mientras y como en el caso de muchos otros países, la economía mexicana mantiene una secular deuda social por las amplias brechas entres los que mucho y los que poco tienen. Nos encontramos en una coyuntura global que obliga a una revisión de fondo a los patrones dominantes de consumo y producción, a que desarrollemos verdaderas capacidades de planeación, de ordenamiento territorial y de política demográfica, y a superar las limitaciones de una Ley que no obstante denominada de Planeación solamente es capaz de negociar y distribuir el presupuesto.
Toda proporción guardada con la selección natural y la teoría de la evolución, lo que urge en estos tiempos a Homo sapiens es adaptarse al cambio (no sólo climático) global; una verdadera revolución cultural...
Escribir un comentario