Crisis financiera y crisis ambiental global
Domingo, 15 de Febrero de 2009 19:00
Escrito por Germán González Dávila
Hoy día el tema del cambio climático está de moda. Una vez que se despejaron las dudas de que se trata de un problema global de grandes proporciones causado por el ser humano, y que pondrá paulatinamente en jaque las bases materiales de sustentación del desarrollo, todos quieren saber de qué tamaño es el problema.
La temperatura y el nivel del mar prácticamente no variaron durante miles de años, hasta que llegó la revolución industrial y, en sólo 250 años, Homo sapiens creció y se multiplicó como ningún otro primate jamás lo había hecho sobre la faz de la Tierra y cambió la composición de la atmósfera al añadirle 105 a las 280 partes por millón (ppm) de bióxido de carbono (CO2). Resultado de la mayor falla histórica de mercado, los impactos adversos previsibles del calentamiento global tendrán profundas implicaciones económicas y sociales, porque la temperatura superficial promedio global aumentará 2 grados Celsius y el nivel del mar ascenderá alrededor de 40 cm, al menos, para fines del siglo XXI.
La quema intensiva de combustibles fósiles como fuente fundamental de calor para el desarrollo industrial incrementó las concentraciones de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera terrestre, lo que aumentó la temperatura superficial promedio global. La contaminación de la atmósfera con GEI antropogénicos es parte de la inmensa contaminación que el desarrollo humano vierte en todos los rincones de la biosfera, acompañada por destrucción de ecosistemas, ocupación de territorios y extracción de recursos naturales.
El calentamiento global sólo acicatea una crisis ambiental global largamente anunciada. Aparece en escena después que Homo sapiens sabe que ha provocado la sexta gran extinción de biodiversidad en toda la historia geológica del planeta, y constituye solamente uno de los grandes ejes de la crisis ambiental global: una crisis de escasez incremental de bienes comunes como agua limpia, suelos productivos, aire respirable, recursos pesqueros, paisajes habitables, o atmósfera para la combustión a gran escala.
Actualmente la atención internacional se concentra en los tremendos efectos de la crisis financiera global. Afortunadamente, tarde o temprano la economía global reaccionará, los mercados se recuperarán, y las finanzas florecerán nuevamente. No es el caso de la economía natural, o ecología, cuyos umbrales de carga Homo sapiens ha sobrepasado. Dicho de otro modo, una buena parte del bienestar del presente transfiere sus costos ambientales al futuro, cuando tendremos una biosfera con capacidades disminuidas para ofrecer bienes y servicios ambientales a la economía, y 2 mil 700 millones de almas más se sumarán, de ahora a 2050, a los 6 mil 500 millones de habitantes actuales del planeta.
En todo caso, lo que moldeará los mercados de las próximas décadas responderá a la anunciada crisis de escasez de bienes comunes como la atmósfera. Las emisiones de carbono, que ya hoy tienen precio en los países industrializados, más temprano que tarde tendrán algún tipo de carga impositiva global en los mercados mundiales. Los bienes y los servicios que compiten en los mercados incorporarán a sus etiquetas el contenido de carbono involucrado en la producción del bien o el servicio de que se trate. Los mercados premiarán a aquéllos que ostenten menor contenido de carbono. Luego se etiquetará también el contenido de agua, o cantidad utilizada por cada unidad de producto; la intensidad energética, o cantidad de energía utilizada por unidad de producto; hasta que, paso a paso pero seguro, arribemos a una economía global que sopese la “huella ecológica” de cada uno de sus productos, bienes y servicios.
Por ahora, para superar la crisis financiera global en escena, la recuperación económica será conducida por miles de empresas y corporaciones que, en cada país, tomarán decisiones acerca de qué producir, qué tecnologías utilizar, y qué know how emplear. Se trata de tomar decisiones que eviten, hasta donde sea materialmente previsible hoy, que sobrevengan en el futuro crisis financieras por las mismas causas (o las mismas fallas de mercado y de gobierno). Se trata, declaran jefes de gobierno de países industrializados, de que el Estado intervenga para controlar los desarrollos financieros y prevenir crisis.
Si lo anterior se compara con lo que actualmente preocupa a causa del cambio climático, parece clara la inmensa oportunidad de que las grandes decisiones económicas y políticas se orienten a opciones de un desarrollo energético bajo en carbono, tanto como eficiente en el uso de todos los recursos naturales renovables. La actual crisis financiera global ha creado una coyuntura llena de oportunidades para un cambio de fondo en los patrones dominantes de consumo y producción.
Homo sapiens se ha convertido en una verdadera fuerza de la naturaleza a escala geológica; puede cambiar el clima y erosionar como ninguna otra especie la matriz de la vida en el planeta. ¿Hemos llegado –como proponen algunos paleoantropólogos– al Antropoceno?
Para México, parafraseando a Rolando Cordera en el Correo del Sur del domingo pasado, las oportunidades las construiremos “si a través de la política se forjan rutas nacionales para abandonar los dogmas y la sabiduría convencional que se apoderó de los reflejos del espíritu público y se acuñan nuevas maneras de combinar lo público con lo privado (…). Más que soñar con “salir” de la globalización, lo que hay que buscar es nacionalizarla (…). Más que buscar el tiempo perdido, lo que se impone es la reconstrucción del futuro”. Glocalfilia, pues, no globalifobias.
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Comentarios
ni un brillo
gracias por aburrirme.
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