Alegría, esfuerzo y movimiento en el trabajo de Miriam Pérez
Viernes, 03 de Julio de 2009 19:00
Escrito por Fernando Silva / Especial
CUERNAVACA. Miriam Guadalupe Pérez Guerrero es originaria de Mérida, Yucatán y, como nos dice, la vocación plástica la tiene desde que pudo agarrar un lápiz. A la edad de 10 años viaja con su madre a la ciudad de México “Intermitentemente iba y venía, de repente me daba el rayo de la creación y me iba uno o dos años a vivir a Mérida. Es un lugar que amo, es bello y pleno de paz, pero definitivamente no es el mejor lugar para promover obra”.
El trabajo de Miriam Pérez engloba un extenso convenio de formas y medios de arte, incluyendo escultura en bronce, pintura, dibujo, vidrio fusionado y cerámica. Además, ha creado sets e iluminación para obras de teatro y televisión, así como realizado la coreografía y dirigido grupos de danza en Guanajuato.
Su formación es amplia y con notorios resultados: en 1967 se gradúa de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de San Carlos, Universidad Nacional Autónoma de México; en1979, Danza Contemporánea, Martha Graham School of Dance, Nueva York; en 1980, Coreografía, TW University Denton, Texas, con la compañía de Bella Lewitzky; en 1981, Danza Contemporánea con el Ballet Nacional de México; en 1982, Bronce a la cera perdida y Cerámica, Instituto Allende (UAG) San Miguel de Allende, Guanajuato y en 1991, Masters en Science in Fine Arts, A&A University, Texas.
-¿Cómo es que decides estudiar en la Academia de San Carlos?
-Mi abuelo era masón y vivía en la Ciudad de México, se reunía con toda la españolada (mis abuelos eran españoles) y un día le hice un dibujo al carbón a mi abuelo y cuando terminé le encantó, lo mostró y uno de sus amigos me dijo: “Genio del arte, tú necesitas ir al mejor lugar de México, a San Carlos”. A partir de ese momento estudié la secundaria y parte de la prepa con la finalidad de llegar a esa Academia.
Antes de entrar a San Carlos tuve un accidente y me lastimé la espalda, me quedé inmovilizada con yeso por un año en Mérida y en ese tiempo me dediqué a pintar, a dibujar y hacer escultura. Estaba estudiando preparatoria cuando me entero de que no la necesitaba para ir a San Carlos y cuando me quitan el yeso, fui a la Academia y ya habían cambiado los planes desde el año anterior, pero como había mandado mis papeles y me habían aprobado, me dieron la oportunidad de hacer la prepa. “Maldita sea, me voy a tener que echar la preparatoria”. No sabes qué friegas me metía, pero me convertí de estudiante mediocre a una estudiante brillante.
El primer día de clases llegué con una faldita azul de casimir y con un suéter blanco de angora, tejido por mi mamá (tener en cuenta que iba a la Universidad, a la escuela de Arte), mi batita para no ensuciarme y apenas entré, comenzaron los chiflidos, aquello era un cochinero, las paredes manchadas de pintura y que me pongo mi batita, llegué con la maestra Leticia Moreno y me dijo: “A ver, niñita, usted póngase a hacer el yeso porque vamos a hacer unos moldes”. La señora me alucinaba y me jodía, lo que más coraje le daba era que mi trabajo tenía calidad, entonces por ahí no me podía fregar, y ahora la entiendo, éramos ciento y pico de estudiantes y muchos no sabían ni de qué lado agarrar el lápiz. Era verdaderamente patético, estaban los gringos mariguanos, los cocainómanos y las niñas que estaban estudiando arte porque era muy chic, y claro, encajaba perfectamente entre esas niñas, la única diferencia era que estaba ahí por mi pasión hacia el arte.
Al suetercito se lo llevó la fregada, mi mamá estaba espeluznada y le dije: desde ahora pantalón de mezclilla, camisas y botas. Con esa maestra nada más me tocaron seis meses que fueron los más duros de mi vida.
Mientras estudiaba tuve a mi hija Penélope que me la llevaba en su moisés y, al año siguiente, iba con mi hija, mi estuche, alambres y en el vientre a mi hijo Antonio. Me daba tiempo de atender a todos. En ese tiempo ya había iniciado mis clases de danza y las tuve que dejar. En la escuela de danza me dijeron: “cuando termines con el embarazo te regresas”; así lo hice y estudié muchos años coreografía y dirigí grupos de danza. Siempre me he ganado la vida con arte.
-¿Qué artistas influyen tu quehacer plástico?
-Muchos, primero los básicos Auguste Rodin y Miguel Ángel, también me gustan Sir Anthony Caro, Eduardo Chillida e Isamu Noguchi. Una mujer que me tiene impresionada por sus diseños y edificios es la arquitecta Zaha Hadid y, cómo olvidar a Gaudí el rey de la tridimensionalidad. Antonio Gaudí me parece un hombre absolutamente femenino en la manera como hizo sus casas, sus acabados en cerámica y sus herrerías en contrapunto. Algo que aprendí de él es trabajar mis piezas moviéndolas, construyéndolas de cabeza y después de lado, por donde quiera que la veas esa estructuración es vitalísima para el tipo de obra que hago, aprecio esta técnica y su manejo tridimensional.
-¿Cómo surgen tus esculturas?
-Las ideas se me dan de tal manera como si tuviera un monitor en mi cabeza, puedo ver las piezas tal y como las voy a realizar, y sé donde va el último tornillito. De hecho, cuando el fundidor le hace algún cambio lo noto de inmediato porque conozco perfectamente mi pieza. Es así todo el tiempo y no solamente en la escultura, sino también en la pintura, el dibujo y en mis coreografías, todo está en mi cabeza. En ese sentido no paro, por eso muchas veces me hago hábitos de transporte porque de repente voy manejando y mi cabeza va trabajando, y de repente me cae el veinte de cómo puedo solucionar algún problema técnico, pero para cuando me doy cuenta ya llegué a Acapulco. Así es como normalmente trabajo y lo disfruto mucho.
-En la avenida Cuauhnáhuac se encuentra la escultura Carro del Sol ¿Qué te representa tener una pieza en un espacio público?
-Es un sueño hecho realidad. La vida diaria, especialmente para los que andan en la calle y en los camiones es árida y difícil, y estos espacios nos brindan un remanso, un oasis. Un lugar tan bello como Cuernavaca debería contar con más propuestas como ésta, no tengo duda de que el arte ayuda a humanizarnos. Por eso mismo, que me den la oportunidad de tomar parte de este proceso para mí es un honor. Es un aspecto de mi área de trabajo creativa que me encanta, me fascina diseñar y solucionar problemas prácticos para que haya armonía entre belleza y practicidad.
-¿Cómo observas el quehacer de gobiernos e instituciones privadas respecto al fomento de la cultura y las artes?
-Algo que estoy viendo como un fenómeno muy interesante está en Puebla, concretamente en la Universidad (BUAP) y su Complejo Cultural. Cuenta con un auditorio para mil quinientas personas, explanada para eventos al aire libre, teatro para mil personas, sala de ensayos para sinfónica, enorme galería, una cosa que le dicen El Río, que es la entrada al auditorio y que son una serie de estanques que se hacen cascadas y que terminan en lo que ellos le llaman el espacio escultórico, un jardín precioso con una especie de cabina para que en una de las paredes de la galería se proyecten películas, un restaurante que es una tradición en Puebla de cinco estrellas y una cafetería para todos los gustos. El concepto del espacio es la promoción de la cultura, pero autosustentable, el auditorio es un Centro de Convenciones, diseñado como un World Trade Center. Entonces, la Universidad va a tener una entrada de dinero con eventos. Todo mundo piensa en la cultura como algo que es dinero, que se invierte y que no se recupera y este espacio es un digno ejemplo de que la cultura y las artes son además un buen negocio.
Otro perfil cultural lo tenemos en el Festival Internacional de Tamaulipas, concebido como un patronato de iniciativa privada y el Estado. Cuando vivía en Monterrey -hace mucho-, era un pueblo “bicicletero”, que tenía un teatrito del Seguro Social donde dimos unas funciones de teatro musical y que prácticamente tuvimos que construir casi medio escenario, porque no cabíamos, además las lámparas y comprar focos porque estaba horrible. Hoy, cuenta con el Centro Cultural Nuevo Laredo, un teatro para mil personas con una consola de iluminación y sonido, el telar del teatro lo comparte con otro más pequeño para teatro experimental, dos enormes galerías de cada lado, una de ellas se puede transformar también para conciertos pequeños, un lobby impresionante y el edificio está hecho todo con esos nuevos paneles de aluminio que iluminan en la noche y cambia de colores. La iniciativa privada tiene ahí un patronato que pone dinero para que el Festival Internacional de Tamaulipas se lleve a cabo. Durante todo el año se alquila el espacio para congresos y/o conferencias lo que les brinda ingresos que se utilizan para el Festival. No veo por qué en Cuernavaca no se pueda hacer algo así o mejor.
-¿Cuernavaca cuenta con las condiciones para tener sitios como los que comentas?
-Claro, la UAEM, la iniciativa privada y el Estado pueden lograr este tipo de objetivos. Su amplia comunidad artística de es muy rica y participativa, tenemos gran necesidad -desde hace mucho tiempo- de contar con este tipo de espacios, es cuestión que observen los enormes beneficios de un lugar con estas características. Y que Cuernavaca deje de ser albercas, cervezas y discotecas donde los chavos van a reventarse y a ponerse “hasta el gorro”. El arte es buen negocio, el problema está en que muchos ven el presupuesto como un gran botín. No veo, con excepción de la Ciudad de México y algunos estados de la República, que verdaderamente aprecien al arte como algo redituable.
-Hace algunos años se tuvo la oportunidad de que el museo Guggenheim se instalara aquí.
-Eso hubiera sido un boom internacional. Uno no termina de comprender cómo fue posible que dejaran escapar una oportunidad como esa, es simplemente inconcebible. La trascendencia de su arquitectura es un ejemplo de vanguardia, sus museos representan hitos de modernidad, conformando además un seductor telón de fondo para el arte que en ellos se exhibe. No entiendo cómo fue que se desaprovechó tan preciada circunstancia.
-Bajo este panorama ¿Es importante promover tu trabajo por otras vías?
-Ese es un aspecto muy importante, actualmente observo mucho movimiento en internet. Los artistas tenemos que estar bien claros y dejarnos de esas ideas románticas de que un día va a bajar el Arcángel San Gabriel y nos va a promover en Nueva York, Miami, París o Milán; hay que trabajar y encauzar nuestra propuesta plástica hacia esos horizontes. También creo indispensable que nuestro gobierno promueva a sus artistas, no solamente a los jóvenes, sino también a los que cuentan con trayectoria. Parte de lo preocupante es que no tenemos administradores de arte, necesitamos gente culta, no necesariamente que sean historiadores de arte o grandes conocedores de la pintura, a lo que voy es que todas estas infraestructuras culturales tienen que tener clara idea del acervo artístico que hay en el estado, desgraciadamente estas cuestiones se transforman en asuntos politiqueros o amigueros.
Pensando en los beneficios comunes, sería importante que los autores plásticos nos organicemos para conquistar los espacios y las condiciones adecuadas para fortalecer la promoción, difusión y venta de nuestras piezas.
silva@artesilva.com.mx
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